Apostol José I. Fuentes

La vida de un Maestro

El ministerio del Apóstol Fuentes comenzó a los 17 años, en la Iglesia Pentecostal del Espíritu Santo, donde dio sus primeros pasos.
El comenzó trabajando en la iglesia donde asistía como un obrero del altar, y luego de su desempeño sobresaliente, lo nombraron Jefe de punto de predicación, y viendo sus dotes musicales, lo nombraron como encargado de la música de su iglesia y finalmente presidente juvenil.

Un poco de historia

Aprendió al lado de su mentor, el Pastor Zoilo Contreras quien le enseñó fidelidad, pasión y amor por la obra de Dios, pero, paradójicamente, su Pastor no creía en el Espíritu Santo, sin embargo, en su búsqueda y en sus predicaciones, él exhortaba sobre la necesidad de recibir el Espíritu Santo, y por causa de ello, fue expulsado de su congregación. En la búsqueda de Dios, en su hogar, ya casado, con su esposa Graciela y con su hija Miriam, aparece la hermana Fidelina Pizarro, quien le pidió que fuera a orar y hacer cultos familiares en su hogar.

Era un humilde garaje, donde comenzaron a reunirse alrededor de 30 personas, simplemente a orar y buscar la promesa del Espíritu Santo, cuando aparece el Reverendo Aughow, un seminarista de los Estados Unidos, quien antes de volver a su nación, sintió la necesidad de ungirlo como Pastor de esta humilde congregación, quien, también Dios lo honró como Profesor en el Seminario Teológico Interdenominacional “Iglesia de Dios”, donde estuvo enseñando por años la Palabra de Dios, siendo un experto en Hermenéutica y Homilética.

Dios le permitió formar a renombrados Pastores, y tras ellos, ministerios bendecidos, tanto en Chile como en el extranjero, que hasta al día de hoy lo reconocen como su Maestro. Hizo de las calles Reina Maria y Bajos de Jiménez, su punto de partida, pero sin final. Mientras su congregacion predicaba el evangelio y crecia en numero, un día por Revelación, Dios le profetizó el mensaje, la Visión y su Misión: Chile para Cristo y la Juventud en la Marcha de la Fe.


Un visionario en la obra

Gracias Jesús, por haberlos escogido, otros tal vez, hubiesen abandonado.
Eternalmente agradecido de quienes han apoyado por años esta obra, como el fundador Obispo L. A. Parent, Obispo Harold Ashby, Obispo Víctor Trachsell, Obispo T. F. Tenney y hasta hoy el fiel Obispo Roland Baker, quien nuestro Apóstol considera un hijo en la Fe. Gracias por su amor y su apoyo. Por todo esto gracias, Señor Jesús.

Desde que comenzó a predicar hasta el día de hoy, que cumple mas de 70 años predicando, Dios le ha entregado miles de mensajes, enseñanzas que han formado a cada uno de nosotros.

Si hoy lo visita, siempre lo encontrará detrás de su fiel maquina de escribir, conectado del wi-fi celestial, señal que no tiene interferencia, señal que transmite el sentir del corazón de Dios, revelando siempre mediante su ungido, el mensaje que necesitamos, la palabra de Jesucristo. Siempre habrá un consejo, siempre habrá una enseñanza, por que simplemente, El es el ungido. Nosotros somos fruto de este Apostolado! ¿Quién dijo que no existían los Apóstoles?


El llamado

Ya corría el año 1961, la congregación fue bendecida en mas de un centenar de almas, como también la familia había crecido, ya eran 4 hijos Miriam, Graciela, Félix y Josué. En una noche recibió la revelación a través de un sueño, que debía de viajar a Brasil, al mismo tiempo en Canadá, el Obispo L. A. Parent, recibía la visión de que Chile y Estados Unidos ardían en fuego, un fuego que transformaría miles de almas, el fuego del Espíritu Santo.

Por qué tendría que viajar a Brasil? Esa fue su interrogante, pero Dios envió desde Brasil al Obispo L.A. Parent, con la misión de entregar la revelación del mensaje verdadero, la Unicidad de Dios. Fue así como llegaron a la humilde morada del Pastor Fuentes, buscando al nativo que Dios le mostró, quien seria el Pastor de Chile, y tendría la responsabilidad de entregar el mensaje de Jesucristo.

Nada tardó en comprender el Misterio de la Piedad, pues era algo, que desde el vientre de su Madre, ya Dios lo había escogido y de esa forma se fundó la “Iglesia de Dios Voz en el Desierto, La Apostólica Iglesia”. El Obispo L. A. Parent sembró la Semilla, cual Gamaliel enseñó al joven impetuoso Pablo.

No todo fue color de rosas, los más legalistas no siguieron al Pastor Fuentes y volvieron a las tradiciones, pero esto no detendría los sueños y la promesa que Jesucristo le entregó. Comenzó todo de nuevo.

Interminables horas de viajes, inagotables puntos de predicación, noches de desvelos y vigilias, mostrándoles a pastores de tradición, el verdadero mensaje, donde todos fueron persuadidos por la palabra de Dios, reconociendo cada uno de ellos que Jesús es el verdadero Dios y la vida eterna.

Su legado

La historia ya estaba escrita, desde antes de la Fundación de este mundo. Dios establecería su iglesia en este hermoso país. Hasta hoy, Dios sigue bendiciéndonos cada día añadiendo a su iglesia a quienes habrían de ser salvos, pero aunque creamos haberlo hecho todo, siervos inútiles somos.

Gracias, de todo corazón a cada colaborador, cada Pastor y su congregación, a cada evangelista que predica con pasión a las almas, gracias a cada Maestra de escuela bíblica, que forman a pequeños bajo el temor de Dios, pero por sobre todas las cosas gracias Apóstol José Ignacio Fuentes, por ser fiel a Dios hasta el día de hoy, de ser fiel al ministerio que Dios le entregó, gracias hermana Graciela, pues sin su amor y su fidelidad al ungido, tal vez, no hubiese logrado el objetivo. Las grandes mujeres de Dios no van detrás de su marido, van a su lado, de su mano, paso a paso, codo a codo. Gracias, mil gracias por todos sus esfuerzos.

 

En una de estas reuniones, abrazado de su guitarra, en aquel humilde pulpito, Dios lo llena con el Espíritu Santo, confirmando su petición y su eternal búsqueda de la promesa. No tan sólo el fue lleno, sino que todo aquel que pisaba ese humilde garaje. El trabajo duro y abnegado, no tan sólo en la obra de Dios, sino que también en lo material, de profesión Sastre de Alta Costura, cotizado en el medio por sus finas confecciones, siempre de la mano de su fiel compañera, nuestra hermana Graciela, quienes trabajaron en su maquina de coser hasta altas horas de la madrugada, permitiendo costear cada viaje misionero y también la construcción de muchos templos.


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